viernes, 13 de enero de 2012

Mate

Tomo mate desde que tengo uso de razón. Desde mis primeros torpes intentos por tomar unos dulces, sin que la yerba se 'lavara' después de un par de cebadas, cuando orillaba los once años; hasta hoy, en donde si bien no soy un experto en la materia, mis respetables brebajes tienen un inicio y un final con muy ligeras diferencias, pero con una imperturbable integridad que denota la eficacia del cebado.
Del mate se pueden decir muchas cosas; desde sus aparentes propiedades curativas, hasta el significado que le hemos otorgado al simple hecho de ofrecer uno a quien tenemos enfrente, cosa que en ciertos aspectos me parece un tanto exagerada por la idiosincrasia nacional. Al respecto, no abonaré ninguna explicación ni posición, dado que sobre el mate no me cabe ninguna cuota de fanatismo ni fundamentalismo; no me muero ni clamo venganza si hay un día en que no puedo tomar uno tampoco.
No sé si es un vicio. Es algo tan vital como beber agua, o alimentarse adecuadamente y hacer actividad física (ítems con los cuales vengo librando una durísima batalla, en favor de una vida sana); al mate le adjudico un lugar en mi rutina y vinculada a mi profesión y a mis costumbres, no mucho más que eso.
Muchas situaciones y experiencias en mi vida fueron mate de por medio; algunas felices, otras dramáticas; en ninguno de los casos, el mate fue protagonista; tan solo testigo.
Las largas noches de tablero, en mis épocas de facultad, hallaron en el mate un alentador complementario al café, que normalmente nos destrozaba el hígado y nos aceleraba los sentidos. Por el contrario, la cebadura de unos buenos amargos, en el silencio de la madrugada, coronaba la concreción de algún que otro 'práctico' o entrega de 'proyecto'.
Ya en la profesión, el mate acompaña. Estimula. Acompaña la idea, y testifica la prefiguración que le caben erigir al lápiz y al papel; deja, más allá del amargo paladar, la sensación de sobriedad y saciedad que me envuelve ante el compromiso cumplido.
Esa es la importancia que le otorgo al mate; por encima de otros signifcados, manifestaciones y simbolizaciones. Que no es mucho; que no es poco.

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